Eutanasia.

La palabra eutanasia viene del griego “eu” (bien) y “thánatos” (muerte), por lo que podríamos decir que su significado es “buena muerte”. La eutanasia puede ser directa o indirecta.

En el caso de ser eutanasia directa, se divide a su vez entre eutanasia activa y eutanasia pasiva:

Eutanasia activa: se provoca la muerte indolora del paciente a petición suya, por ejemplo mediante la administración de sustancias altamente mortíferas o una sobredosis de morfina.

– Eutanasia pasiva: se interrumpe el tratamiento o no se inica, o bien se desactivan los medios artificiales que mantienen con vida a un enfermo terminal.

La aplicación de la eutanasia provoca un debate social: son tantas las voces que se muestran totalmente a favor como las que se muestran totalmente en contra. El problema se plantea a la hora de establecer los límites que separan la eutanasia del suicidio, por eso uno de los argumentos más comunes en oposición a la eutanasia es que el suicidio no está justificado en ninguna situación.

En mi opinión, el debate es innecesario, no tiene cabida porque la libertad individual también incluye el derecho a decidir si vivir o no, y más cuando el hecho de vivir implica un sufrimiento irremediable. Creo que es inconcebible que personas ajenas al problema deban decidir si ésta puede poner fin o no al sufrimiento de otra persona.

No se trata de opinar si es correcto o no que una persona que sufre quiera terminar con su vida, creo que este tema debe tratarse con muchísima empatía, debe verse desde dentro, desde el punto de vista de la persona que está sufriendo las consecuencias de su situación, no desde el punto de vista de si es bueno o no para la sociedad.

Un caso conocido por todos es el de Ramón Sampedro, que dio lugar a la película Mar adentro. En este caso, ¿Por qué habría de importarle a la sociedad el hecho de que quisiera terminar con su vida? ¿Es que puede llamarse vida a una continua sucesión del tiempo contemplada desde una cama? Es egoísta pedirle a alguien en ese estado que siga viviendo, es egoísta e injusto no escuchar a las personas cuando ya están tan desesperadas que la muerte es su único alivio.

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