Archive for 30 marzo 2009

Actuaciones dispares.

marzo 30, 2009

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Hace unos días, a todos nos sorprendió el ataque desproporcionado que los Mossos emprendieron contra los estudiantes catalanes que se manifestaban en contra del Plan Bolonia. A pesar de tener la suerte de no haber vivido en la época franquista, no pude evitar que aquellas otras manifestaciones que se teñían irremediablemente de un amargo color gris acudieran a mi mente. En fin, en este caso se cumple aquello de que las imágenes valen más que las palabras.

No obstante, ese altercado no se produjo este sábado en la manifestación ultraderechista de Vallecas. En este caso la policía solo intervino para evitar el conflicto entre los manifestantes y otro grupo de ultraizquierda que pretendía boicotear la manifestación. La diferencia es clara: en el primer caso la policía intervino contra los manifestanes por el mero hecho de manifestarse, mientras que en el segundo actuaron para que la manifestación pudiera desarrollarse sin obstáculos.

Me gustaría no tener que dudar de la imparcialidad de la policía, pero lo cierto es que con ejemplos como estos cada vez me resulta más difícil no caer en a tentación de hacerlo. Siempre son los políticos los que se someten a un juicio constante, pero igualmente erróneo es confiar ciegamente en la benevolencia de los políticos que en la absoluta imparcialidad de los organismos que regulan la seguridad del Estado.

Globalización y antiglobalización

marzo 25, 2009

A estas alturas, todo quisqui tiene su opinión sobre la globalización. Éste es el principal mérito del movimiento global contra la globalización: el haber puesto sobre el tapete del debate social y político lo que se presentaba como vía única e indiscutible del progreso de la humanidad. Como es lo propio de todo gran debate ideológico, se plantea en medio de la confusión y la emoción, muertos incluidos. Empezando por definir la globalización misma. Se trata de un proceso objetivo, no de una ideología, aunque haya sido utilizado por la ideología neoliberal como argumento para pretenderse como la única racionalidad posible. Y es un proceso multidimensional, no solo económico. Su expresión más determinante es la interdependencia global de los mercados financieros, permitida por las nuevas tecnologías de información y comunicación y favorecida por la desregulación y liberalización de dichos mercados. Si el dinero es global, nuestra economía es global, porque nuestra economía se mueve al ritmo de la inversión de capital. Y si las monedas se cotizan globalmente, las políticas monetarias no pueden decidirse autónomamente en los marcos nacionales. También está globalizada la producción de bienes y servicios, en torno a redes productivas de 53.000 empresas multinacionales y sus 415.000 empresas auxiliares. Estas redes emplean tan sólo a unos 200 millones de trabajadores, pero en dichas redes se genera el 30% del producto bruto global y 2/3 del comercio mundial.
Por tanto, el comercio internacional es el sector del que depende la creación de riqueza en todas las economías, pero ese comercio expresa la internacionalización del sistema productivo. También la ciencia y la tecnología están globalizadas en redes de comunicación y cooperación, estructuradas en torno a los principales centros de investigación universitarios y empresariales. Como lo está el mercado global de trabajadores altamente especializados, tecnólogos, financieros, futbolistas y asesinos profesionales, por poner ejemplos. Y las migraciones contribuyen a una globalización creciente de otros sectores de trabajadores. Pero la globalización incluye el mundo de la comunicación, con la interpenetración y concentración de los medios de comunicación en torno a siete grandes grupos multimedia, conectados por distintas alianzas a unos pocos grupos dominantes en cada país. Y la comunicación entre la gente también se globaliza a partir de Internet. El deporte, una dimensión esencial de nuestro imaginario colectivo, vive de su relación local-global, con la identidad catalana vibrando con argentinos y brasileños tras haber superado su localismo holandés. En fin, también las instituciones políticas se han globalizado a su manera, construyendo un Estado red en el que los Estados nacionales se encuentran con instituciones supranacionales como la Unión Europea o clubes de decisión como el G-8 o instituciones de gestión como el FMI para tomar decisiones de forma conjunta. Lejos queda el espacio nacional de representación democrática, mientras que los espacios locales se construyen como resistencia más que como escalón participativo. De hecho, los Estados nacionales no sufren la globalización, sino que han sido sus principales impulsores, mediante políticas liberalizadoras, convencidos como estaban y como están de que la globalización crea riqueza, ofrece oportunidades y, al final del recorrido, también les llegarán sus frutos a la mayoría de los hoy excluidos.
El problema para ese horizonte luminoso es que las sociedades no son entes sumisos susceptibles de programación. La gente vive y reacciona con lo que va percibiendo y, en general, desconfía de los políticos. Y, cuando no encuentra cauces de información y de participación, sale a la calle. Y así, frente a la pérdida de control social y político sobre un sistema de decisión globalizado que actúa sobre un mundo globalizado, surge el movimiento antiglobalización, comunicado y organizado por Internet, centrado en protestas simbólicas que reflejan los tiempos y espacios de los decididores de la globalización y utilizan sus mismos cauces de comunicación con la sociedad: los medios informativos, en donde una imagen vale más que mil ponencias.
¿Qué es ese movimiento antiglobalización? Frente a los mil intérpretes que se ofrecen cada día para revelar su esencia, los investigadores de los movimientos sociales sabemos que un movimiento es lo que dice que es, porque es en torno a esas banderas explícitas donde se agregan voluntades. Sabemos que es muy diverso, e incluso contradictorio, como todos los grandes movimientos. Pero ¿qué voces salen de esa diversidad? Unos son negros, otros blancos, otros verdes, otros rojos, otros violeta y otros etéreos de meditación y plegaria. Pero ¿qué dicen? Unos piden un mejor reparto de la riqueza en el mundo, rechazan la exclusión social y denuncian la paradoja de un extraordinario desarrollo tecnológico acompañado de enfermedades y epidemias en gran parte del planeta. Otros defienden al planeta mismo, a nuestra madre Tierra, amenazada de desarrollo insostenible, algo que sabemos ahora precisamente gracias al progreso de la ciencia y la tecnología. Otros recuerdan que el sexismo también se ha globalizado. Otros defienden la universalización efectiva de los derechos humanos. Otros afirman la identidad cultural y los derechos de los pueblos a existir más allá del hipertexto mediático. Algunos añaden la gastronomía local como dimensión de esa identidad. Otros defienden los derechos de los trabajadores en el norte y en el sur. O la defensa de la agricultura tradicional contra la revolución genética. Muchos utilizan algunos de los argumentos señalados para defender un proteccionismo comercial que limite el comercio y la inversión en los países en desarrollo. Otros se declaran abiertamente antisistema, anticapitalistas desde luego, pero también anti-Estado, renovando los vínculos ideológicos con la tradición anarquista que, significativamente, entra en el siglo XXI con más fuerza vital que la tradición marxista, marcada por la práctica histórica del marxismo-leninismo en el siglo XX. Y también hay numerosos sectores intelectuales de la vieja izquierda marxista que ven reivindicada su resistencia a la oleada neoliberal. Todo eso es el movimiento antiglobalización. Incluye una franja violenta, minoritaria, para quien la violencia es necesaria para revelar la violencia del sistema. Es inútil pedir a la gran mayoría pacífica que se desmarque de los violentos, porque ya lo han hecho, pero en este movimiento no hay generales y aun menos soldados. Tal vez sería más productivo para la paz pedir a los gobiernos que se desmarquen de sus policías violentos. No se puede descartar que algunos servicios de inteligencia piensen que la batalla esencial está en ganar la opinión pública y que asustar al pueblo llano con imágenes de feroces batallas callejeras puede conseguir socavar el apoyo a los temas del movimiento antiglobalización. Vano intento, pues, en su diversidad, muchos de esos mensajes están calando en las mentes de los ciudadanos, según muestran encuestas de opinión en distintos países.
Dentro de esa diversidad, si un rasgo une a este movimiento es tal vez el lema con el que se convocó la primera manifestación, la de Seattle: ‘No a la globalización sin representación’. O sea, que, antes de entrar en los contenidos del debate, hay una enmienda a la mayor, al hecho de que se están tomando decisiones vitales para todos en contextos y en reuniones fuera del control de los ciudadanos. En principio, es una acusación infundada, puesto que la mayoría son representantes de gobiernos democráticamente elegidos. Pero ocurre que los electores no pueden leer la letra pequeña (o inexistente) de las elecciones a las que son llamados cada cuatro años con políticos que se centran en ganar la campaña de imagen y con gobiernos que bastante trabajo tienen con reaccionar a los flujos globales y suelen olvidarse de informar a sus ciudadanos. Y resulta también que la encuesta que Kofi Annan presentó en la Asamblea del Milenio de Naciones Unidas señala que 2/3 de los ciudadanos del mundo, no piensan que sus gobernantes los representen. De modo que lo que dicen los movimientos antiglobalización es que esta democracia, si bien es necesaria para la mayoría, no es suficiente aquí y ahora. Así planteado el problema, se pueden reafirmar los principios democráticos abstractos, mientras se refuerza la policía y se planea trasladar las decisiones al espacio de los flujos inmateriales. O bien se puede repensar la democracia, construyendo sobre lo que conseguimos en la historia, en el nuevo contexto de la globalización. Que se haga una u otra cosa depende de usted y de muchos otros como usted. Y depende de que escuchemos, entre carga policial e imagen de televisión, la voz plural, hecha de protesta más que de propuesta, que nos llega del nuevo movimiento social en contra de esta globalización.

Artículo creado por Manuel Castells. Extraido de: http://www.lawebdejm.com

http://www.wikilearning.com/articulo/globalizacion-globalizacion/3890-1

El show de Truman

marzo 25, 2009

El show de Truman es una película bastante conocida que trata sobre la vida de Truman, un hombre de treinta años, bastante corriente con esposa y amigos, pero que en realidad es el protagonista de un show televisivo y todo en su vida es mentira desde su mujer a sus amigos, fruto de un guión hecho a su medida en un inmerso plato. Hay una ironía en el diseño de esa vida perfecta: la ciudad parece perfecta, los vecinos se saludan al verse y en los quioscos se venden revistas sobre perros y periódicos con noticias locales. Truman acepta la visión de lo que le rodea y cree que el mundo es lo que ve.

Lo interesante es el análisis sociológico de hasta qué punto una sociedad de comunicación de masas, en este caso la sociedad estadounidense puede llegar a convertir una vida en un negocio. ¿Acaso está todo justificado tan sólo por la audiencia?

Después de ver la película todos estamos de acuerdo con que es un acto inhumano lo que hacen con Truman pero como se ve en la película ese mundo existe porque hay gente que está al otro lado de la televisión y que sigue el programa. Por lo que El show de Truman plantea una crítica a toda la sociedad, que crea y mantiene este tipo de situaciones.

Creo que es interesante plantearse hasta qué punto la sociedad influye en el hombre. En El show de Truman se observa como todos los que le rodean controlan su vida para llevarla hasta donde ellos quieren, le muestran una ciudad perfecta para que no tenga necesidad de salir de ella y todos van con el pinganillo para que les digan su guión. Y cuando él toma la iniciativa y se enamora realmente ellos, los de arriba, se llevan a la chica porque eso no está dentro del guión y la vida “real” continua. Llegan a hacer una escena de una tormenta mientras navegaban Truman y su padre donde su padre es arroyado por el mar y desaparece, todo para causar miedo y que no quiera salir de la isla. Eso lleva a plantearte en qué punto pasa de ser un entretenimiento de masas a crueldad.

Es curioso como después de ver esta película te quedas con una sensación de miedo a que tu vida pueda ser una mentira como la vida de Truman, ¿que nos garantiza que esto no sea una mentira y que nuestra vida no sea un programa de televisión? Descartes afirma que nuestra vida no es un sueño ¿pero una mentira?

La ola (Die Welle).

marzo 25, 2009

La ola es una película alemana que plantea la posibilidad de un resurgimiento de un régimen totalitario en la actualidad en un país democrático, planteamiento que se lleva a cabo por un profesor que propone a sus alumnos fingir durante una semana que en su clase hay establecido un régimen totalitario.

Los alumnos aceptan la idea con entusiasmo, pero el experimento va mucho más allá de lo que el profesor espera. El hecho de ser todos iguales y sentirse parte de un todo común radicalizará la actitud de los alumnos, pues verán en La Ola un proyecto que forma parte de sí mismos, algunos incluso se aferrarán a ella hasta convertirse en esclavos del mismo, absolutamente dependientes de su transcurso.

Es una película que invita a la reflexión, pues evidencia que en cualquier lugar, incluso en las sociedades actuales más avanzadas, puede surgir un mínimo movimiento totalitario que paulatinamente vaya adquiriendo relevancia hasta convertirse en una forma de vida, siendo algo imparable que no contemple ninguna crítica, pues la oposición en estos casos suele ser débil y escasa, y los individuos que la presentan son aislados de la sociedad en el mejor de los casos.

Auguste Comte.

marzo 25, 2009

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Auguste Comte (1798-1857) fue un filósofo francés creador del positivismo y se le considera uno de los iniciadores de la sociología. Su teoría fundamental es la teoría de los tres estados por los que pasa la humanidad para encontrar explicación a los fenómenos que se dan, la cual se recoge en su obra Curso de filosofía positiva. Estos tres estados son el estado teológico o ficticio, el metafísico o abstracto y el científico o positivo.

En el estado teológico o ficticio la explicación de los hechos se concibe desde el punto de vista divino, como su propio nombre indica este estado se basa en explicaciones teológicas de la realidad. El estado metafísico o abstracto es la naturaleza el factor en torno al cual se encuentran las explicaciones necesarias, en este stado no se contempla la existencia de fenómenos paranormales, sino que se considera que en el caso de que éstos se den, tienen una explicación natural desconocida hasta el momento. Por último, el estado científico o positivo contempla  que los hechos solo pueden ser conocidos empíricamente y a partir de su observación se descubrirán las leyes naturales que realmente rigen el mundo.

Fuente: Wikipedia

La necesidad de una teoría sociológica

marzo 22, 2009

En algunos casos existe cierta necesidad de asociarle un sentido a los fenómenos descritos. Así, la biología era un conjunto de datos sin un sentido aparente antes de la aparición de la teoría de la evolución por selección natural. El propio Auguste Comte vislumbró este aspecto tan importante, por lo que escribió respecto a la necesidad de una teoría sociológica: “Si al contemplar los fenómenos no los unimos a algunos principios, no sólo nos será imposible combinar esas observaciones aisladas y, por consiguiente, sacar de ellas algún provecho, sino incluso que seríamos incapaces por completo de retenerlas; y con la mayor frecuencia los hechos pasarían inadvertidos ante nuestros ojos”.
La realización de una teoría fundamental es el mayor anhelo de los sociólogos, de ahí que debe mantenerse como una fuente de inspiración ya que permite alentar todos los esfuerzos en su consecución, aun cuando no se llegue a la meta final. Aunque, desde un punto de vista práctico, existen opiniones de que no es tan necesaria tal teoría.

Uno de los autores que planteo una teoría fue Karl Marx:

El pensamiento marxista, nutriéndose de toda la obra de creación humana que le antecedió, sitúa al hombre no sólo como centro de sus preocupaciones filosóficas, sino que propone las vías para lograr una verdadera existencia humana, y en ese sentido proyecta la formación de un hombre nuevo, un individuo superior, plenamente emancipado y desarrollado multifacéticamente en todos sus aspectos, es decir, perfeccionado espiritual, moral, físico y estéticamente.
El humanismo marxista no se basa en una concepción general abstracta del hombre, sino en una visión histórica y social, es decir concreta de lo humano; donde el hombre es, a la vez que creador, resultado de la sociedad en que vive.
Para Marx el hombre es ante todo el conjunto de sus relaciones sociales “… la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de sus relaciones sociales”. Relaciones que no son puramente espirituales, entre conciencias, sino la unidad de lo espiritual y lo material, relaciones establecidas a través de la interacción del hombre con la naturaleza en el proceso de producción y reproducción de su vida material y espiritual.
Para Marx el sistema dentro del que se insertan todas las actividades del hombre es lo que denomina modo de producción (social). Pues bien, el modo de producción social (que es la categoría analítica capital del estudio marxista de la sociedad, pues implica una totalidad: el capitalismo), consiste en la manera en que se obtienen los bienes materiales que los hombres necesitan para su subsistencia y su característica principal son las relaciones sociales históricamente

Tomado de:
http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_Sociol%C3%B3gicadeterminadas.

http://www.monografias.com/trabajos15/hombre-nuevo/hombre-nuevo.shtml

Raquel

El precio de la felicidad.

marzo 14, 2009

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No hace demasiado tiempo que terminé de leer Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Debo reconocer que cuando lo empecé tenía mucha curiosidad por descubrir en qué consistía la sociedad imaginaria descrita en el libro, en la que todo está enfocado para lograr la felicidad de los individuos que la integran, me atraía la idea de la utopía de la felicidad común llevada a la práctica aunque fuera solo en una novela.

No obstante, a medida que iba leyendo, como supongo que le habrá ocurrido a todo aquél que haya leído el libro, iba percatándome de los innumerables inconvenientes que comportaría la existencia de una sociedad así. Sí, para mi sorpresa, la felicidad “universal” tenía sus inconvenientes, que tenían un enorme peso frente a las ventajas.

Aunque muchos de los hechos que se describen son realmente sorprendentes por el hecho de que invitan con mucho a la reflexión acerca del progreso imparable en el mundo en que vivimos, fueron dos cuestiones las que me hicieron reflexionar en mayor medida.

La primera de ellas trata sobre la libertad. Para que todos los individuos sean felices deben renunciar completamente a su libertad, subordinándose al sistema etablecido hasta el punto de renunciar a su condición de individuos para pasar a ser simples piezas sueltas e inútiles que, unidas, forman un todo con sentido. La sociedad feliz necesita de individuos felices, así que éstos deben serlo por el bien común de todos, pierden todo derecho a elegir sentirse desdichados, a sentir cualquier sentimieto contrario a la tan venerada felicidad, incluso a pensar por sí mismos o aprender, pues podrían llegar a conclusiones perjudiciales para la sociedad.

La segunda cosa que me causó una gran sorpresa es consecuencia de la primera: en una sociedad feliz no tiene ninguna cabida el arte. ¿Qué sentido tiene expresar emociones y sentimientos si son comunes en todas las personas por igual? Si el arte es una forma de expresión del individuo, ¿Qué clase de arte surgiría de un individuo que desde su nacimiento es negado como individuo? No hay expresión interior de nadie porque las personas que viven en esta sociedad carecen de profundidad psicológica, tan solo siguen las pautas que les han sido marcadas.

Por tanto, en el mundo feliz que se plantea en este libro con el mismo título, las personas dejarían de tener valor individual en  la sociedad, serían solo elementos condicionados constantemente para que no dejen de cumplir su función: ser felices.

Sinceramente, no me atrae en absoluto esta idea de la felicidad en que para lograrse se debe renunciar a la propia esencia, renunciar a la libertad de ser individuos únicos me parece un precio demasiado alto hasta para lograr la felicidad.