Posts Tagged ‘libertad’

Reforma de la ley del aborto.

abril 1, 2009

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La simple mención de una reforma de la Ley del aborto actual en nuestro país ha levantado ampollas, como era de esperar. La reacción por parte del sector eclesiástico ha sido la más rápida, algo que tampoco ha sorprendido a nadie.

Personalmente, pienso que tal debate no tiene cabida en nuestra sociedad actual. El derecho a abortar sin ser penalizada debe ser un derecho individual de las mujeres absolutamente garantizado por cualquier gobierno de un país desarrollado. La decisión de abortar no es una decisión fácil debido a las consecuencias físicas y psíquicas que puede conllevar un hecho de tal calibre, por lo que sería de agradecer que el aborto dejara de considerarse un hecho acogido con alegría por algunas mujeres, como parece que piensan algunos.

En cuanto a que la edad mínima para decidir si llevar a cabo o no un aborto sea rebajada a los 16 años, creo que lo mejor sería hacer un estudio psicológico de la paciente para determinar su grado de madurez y que éste sea un factor a tener en cuenta a la hora de dejar a la menor decidir sobre abortar o no.

En definitiva, esta reforma es absolutamente necesaria para la mejora de las condiciones de las mujeres en este país y en consecuencia para el progreso del mismo. Me quedo con algo que dijo una mujer en televisión y que resume en pocas palabra mi pensamiento al repecto: con la reforma de la ley del aborto no pretendemos tener derecho a matar, sino tener derecho a elegir.

Como propuesta, mejor hacer caso omiso de la opinión eclesiástica. Debemos recordar que si fuera por este sector, en los libros de texto todavía estudiaríamos que el Sol gira alrededor de la tierra…

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Actuaciones dispares.

marzo 30, 2009

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Hace unos días, a todos nos sorprendió el ataque desproporcionado que los Mossos emprendieron contra los estudiantes catalanes que se manifestaban en contra del Plan Bolonia. A pesar de tener la suerte de no haber vivido en la época franquista, no pude evitar que aquellas otras manifestaciones que se teñían irremediablemente de un amargo color gris acudieran a mi mente. En fin, en este caso se cumple aquello de que las imágenes valen más que las palabras.

No obstante, ese altercado no se produjo este sábado en la manifestación ultraderechista de Vallecas. En este caso la policía solo intervino para evitar el conflicto entre los manifestantes y otro grupo de ultraizquierda que pretendía boicotear la manifestación. La diferencia es clara: en el primer caso la policía intervino contra los manifestanes por el mero hecho de manifestarse, mientras que en el segundo actuaron para que la manifestación pudiera desarrollarse sin obstáculos.

Me gustaría no tener que dudar de la imparcialidad de la policía, pero lo cierto es que con ejemplos como estos cada vez me resulta más difícil no caer en a tentación de hacerlo. Siempre son los políticos los que se someten a un juicio constante, pero igualmente erróneo es confiar ciegamente en la benevolencia de los políticos que en la absoluta imparcialidad de los organismos que regulan la seguridad del Estado.

El precio de la felicidad.

marzo 14, 2009

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No hace demasiado tiempo que terminé de leer Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Debo reconocer que cuando lo empecé tenía mucha curiosidad por descubrir en qué consistía la sociedad imaginaria descrita en el libro, en la que todo está enfocado para lograr la felicidad de los individuos que la integran, me atraía la idea de la utopía de la felicidad común llevada a la práctica aunque fuera solo en una novela.

No obstante, a medida que iba leyendo, como supongo que le habrá ocurrido a todo aquél que haya leído el libro, iba percatándome de los innumerables inconvenientes que comportaría la existencia de una sociedad así. Sí, para mi sorpresa, la felicidad “universal” tenía sus inconvenientes, que tenían un enorme peso frente a las ventajas.

Aunque muchos de los hechos que se describen son realmente sorprendentes por el hecho de que invitan con mucho a la reflexión acerca del progreso imparable en el mundo en que vivimos, fueron dos cuestiones las que me hicieron reflexionar en mayor medida.

La primera de ellas trata sobre la libertad. Para que todos los individuos sean felices deben renunciar completamente a su libertad, subordinándose al sistema etablecido hasta el punto de renunciar a su condición de individuos para pasar a ser simples piezas sueltas e inútiles que, unidas, forman un todo con sentido. La sociedad feliz necesita de individuos felices, así que éstos deben serlo por el bien común de todos, pierden todo derecho a elegir sentirse desdichados, a sentir cualquier sentimieto contrario a la tan venerada felicidad, incluso a pensar por sí mismos o aprender, pues podrían llegar a conclusiones perjudiciales para la sociedad.

La segunda cosa que me causó una gran sorpresa es consecuencia de la primera: en una sociedad feliz no tiene ninguna cabida el arte. ¿Qué sentido tiene expresar emociones y sentimientos si son comunes en todas las personas por igual? Si el arte es una forma de expresión del individuo, ¿Qué clase de arte surgiría de un individuo que desde su nacimiento es negado como individuo? No hay expresión interior de nadie porque las personas que viven en esta sociedad carecen de profundidad psicológica, tan solo siguen las pautas que les han sido marcadas.

Por tanto, en el mundo feliz que se plantea en este libro con el mismo título, las personas dejarían de tener valor individual en  la sociedad, serían solo elementos condicionados constantemente para que no dejen de cumplir su función: ser felices.

Sinceramente, no me atrae en absoluto esta idea de la felicidad en que para lograrse se debe renunciar a la propia esencia, renunciar a la libertad de ser individuos únicos me parece un precio demasiado alto hasta para lograr la felicidad.